La hucha de las pensiones, como se conoce al Fondo de Reserva de la Seguridad Social, se encuentra en uno de los momentos más críticos de su historia.

Los cambios demográficos que está experimentando la sociedad española, con una fuerte caída de la natalidad y un elevado incremento de la esperanza de vida, hacen que la relación entre el número de cotizantes y el de pensionistas se haya situado en torno al 2,2, la cifra más baja de las últimas dos décadas, y con perspectivas de que siga cayendo en los próximos años. Esto hace que el actual sistema de pensiones sea poco viable a medio plazo.

Ante esta situación, es aconsejable que si deseamos mantener nuestro nivel de vida tras la jubilación busquemos un plan de ahorro que nos proporcione mayor seguridad permitiéndonos complementar la pensión pública.

¿Cómo y cuándo?, es frecuente demorar el momento de empezar a ahorrar para nuestra jubilación, escuchando frases como “Soy muy joven”, “Me queda mucho tiempo”, ……………, parece que la jubilación nos queda muy lejos en el tiempo, pero cuanto antes empecemos a pensar en la manera de complementar la pensión estatal, mejor, ya que nuestros ahorros serán mayores con menor esfuerzo, pudiendo alcanzar la jubilación con la tranquilidad de saber que podremos seguir manteniendo cierto nivel de vida.

La planificación de la jubilación variará en función de cada uno, porque cada persona tiene unos deseos, objetivos y circunstancias particulares y, por tanto, tendrá unas necesidades de rentas diferentes a las de los demás. Esto, unido a la capacidad de ahorro que tengamos, hará que el déficit a cubrir sea mayor o menor y, por tanto, el objetivo de rentabilidad que necesitará cada persona sacar de sus ahorros variará.

Aunque el producto más conocido por el público en general son los planes de pensiones, existen otras alternativas para tal fin, como son los seguros de ahorro y los PIAS (Planes Individuales de Ahorro Sistemático).

Planes de pensiones

Se trata del producto más conocido. El inversor va haciendo aportaciones al plan en la medida que puede de forma periódica o una vez al año. El límite está en 8.000 euros. Sólo puede rescatar el dinero ahorrado cuando adquiera la condición de jubilado o con algunas excepciones como dependencia, minusvalía, enfermedad grave, desempleo prolongado, etc. Este producto no garantiza una rentabilidad, pero sí permite obtener ventajas fiscales, esto es, pagar menos en la declaración de la renta.

Seguros de Ahorro

Se trata de productos de ahorro a medio-largo plazo en donde el asegurado va haciendo aportaciones de forma periódica, anual o puntual, hasta la fecha que desee iniciar el cobro de la prestación. A diferencia de los planes de pensiones, si garantizan una rentabilidad mínima.

El tomador podrá realizar rescates totales una vez haya transcurrido el primer año de contratación. Además, si fijamos la fecha de cobro con la de jubilación, gozarán de los mismos beneficios fiscales que los planes de pensiones.

PIAS

Los Planes Individuales de Ahorro Sistemático son seguros de vida con los que se obtiene una renta vitalicia o capital, a percibir a partir de la edad indicada en el contrato. No ofrece beneficios fiscales durante las aportaciones, aunque sí cuando se rescata lo invertido, siempre que sea en forma de renta vitalicia. En este caso, la rentabilidad obtenida queda exenta de tributación, siempre que se cumplan cierto requisitos, máximo de aportación anual 8.000 €, liquidez a partir del quinto año de contrato y máximo de primas acumulables 240.000 €.

A modo de ejemplo, adjuntamos la diferencia que supondría al jubilarnos el aportar 200 €/mes en función de edad de inicio del ahorro:

Fondo Total Estimado calculado con la Participación en Beneficios obtenida con la media de los años 2017-2018. 3,44 %(Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras)